21/8/09

Josefa's Story



Chapter II: El Despertar de Paz

Paz tendría unos 5 o tal vez 7 años más que Josefa, no recuerdo bien. Era la menor de dos hermanas, las hijas de la patrona de la casa, la muy elegante Sra. Matilde. Josefa envidiaba sus regalías, aunque no de una forma obsesiva, pero soñaba, sí que soñaba; podía pasar horas en la habitación de las niñas de la casa sólo observando y husmeando entre sus cosas, soñando en silencio que esa era su vida. Solía ponerse los patines en los que ni siquiera podía pararse y que además le quedaban grandes, pero en esos momentos soñaba estando en la cancha con sus propios patines y sentir que volaba sobre esas pequeñas ruedas de plástico o los zapatos de nieve que alguna vez encontró en el closet, tenían una rara forma de cerrar que la pequeña nunca había visto y pesaban tanto como ella. Aun así logró encontrar la forma de cerrarlos y ponerlos sobre los esquíes, ni siquiera conocía la nieve en ese entonces y con solo tratar de pararse sobre esa montaña de accesorios casi se torció la pierna, pero ya había vivido la más extrema aventura, ganado torneos y conquistado al más apuesto esquiador de la montaña. La ropa de las niñas era también maravillosa, un mundo de prendas de última moda a las que Josefa solo podría aspirar dentro de unas dos o tres temporadas, cuando salieran de ese closet hacia la pieza de los cachureos. Los únicos testigos que acompañaban siempre a la niña eran Juan Marcos, un muñeco tamaño real que nunca supe si pertenecía a Paz o a su hermana mayor y por supuesto los originales Barbie, Kent y sus amigas, autos, casas, piscinas y blancos corceles.

Paz era peleadora con su hermana mayor pero a Josefa le tenía un cariño especial, tal vez porque era más pequeña o también puede ser porque Josefa siempre hacía lo que le dijeran, era muy callada y hasta parecía ser retraída, pero sólo lo parecía. Siempre en su interior se daba cuenta de las intenciones de los demás, escuchaba todo lo que se hablaba en su presencia y todo, al menos eso pensaba, lo entendía claramente.
Paz solía llamar a la niña a su habitación, la puerta se cerraba siempre con llave y entablaban los más divertidos juegos: se disfrazaban, compraban, vendían. Evidentemente Paz era quien decidía el juego así como también cuando era tiempo de jugar y cuando se acababa la diversión. A la pequeña no le importaba, ella era feliz cuando le prestaban atención, como toda niña de su edad. Un día, el juego cambió, aunque no las reglas. Paz siempre decidiría que hacer y como hacerlo...
“Pon tu mano aquí y hazme cariño” dijo Paz luego de recostarse sobre su cama y abrir el cierre de su pantalón. No sé que pasó por la cabeza de Josefa en ese momento, pero a muchas les hubiera dado miedo o aversión pensar tan solo en acceder a tal orden. A pesar que esos pensamientos sí que no pasaron por su cabeza, no se atrevió. Fue así como Paz tomó la pequeña muñeca de Josefa empujando el cuerpo de la pequeña sobre el suyo e introduciendo a la vez su mano dentro de su pantalón.
Josefa por fin, y sin esperárselo jamás, pudo pasar la barrera del desabrido jeans que nunca pudo sortear con Isabel, pero nunca pensó encontrarse con algo áspero también y, aunque molesto al principio, comprendió que por ser Paz mayor que ella, ya se parecía a lo que había visto sólo en su madre. Desde siempre había visto a su madre desnuda pero nunca se había planteado tenerlos también o menos tocarlos. La humedad en aquel lugar logró despertar la curiosidad de Josefa, por su parte Paz exigía mayor movimiento y fuerza. De pronto la pequeña Josefa comenzó a sentir ese calor y adrenalina que sólo recordaba haber sentido en sus exploraciones a Isabel mientras dormía. Si me lo preguntan, no sé que más sucedió aquella vez o si se volvió a repetir la aventura inesperada de Josefa. Tampoco sé si Paz respondió físicamente al placer que Josefa le hizo sentir, si la tocó también u otro detalle del momento. Lo que sí puedo asegurar es que desde ese momento algo cambió en la pequeña, no sé que fue, es más, este episodio fue borrado de los recuerdos de Josefa hasta que tuvo unos 21 años cuando un día sin motivo aparente vino a su mente la imagen y el sentir de ese momento perdido o tal vez inconscientemente escondido por ella misma en algún lugar de su cabeza.

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