22/8/09

Josefa's Story


Chapter III: "¿Juego de Niñas?"

Carol y Josefa fueron las mejores amigas (sin estar exentas de peleas y enojos propios de la edad) durante toda la enseñanza básica. Josefa solía pasar semanas enteras en casa de su amiga: verano, fiestas patrias, festividades varias y sólo porque sí. Jugaban y jugaban ya que ocurrencias de nuevos juegos y amigos imaginarios no faltaban. Carol era fanática de Luis Miguel, a Josefa hasta ese entonces sólo le gustaba su música y en cierto cumpleaños de Carol le regalaron un casette de la Trevi. Ambas coincidieron en que la música era genial, aprendieron las letras tan rápido como les fue posible y podían pasar horas en casa bailando y gritando las canciones de su nueva ídola. Un día ya no hubo más que hacer, parece que a ambas se les agotaron espontáneamente las ideas, les aburrieron los juegos de siempre y no hubo opción, había que hacer algo nuevo. No se si todas las niñas pasaran por etapas como esta pero Josefa, ya había tenido varias etapas similares aunque para ella no fueran gran cosa, es más ni siquiera las recordaba.
“¿A qué podemos jugar ahora?” preguntó una de las amigas, “No sé” dijo inocentemente la otra, barajando una opción tras otra sin encontrar algo en lo que estuviesen de acuerdo. Al parecer ninguna de las opciones que nombrarían sería la escogida. Es como si en el mismo momento surgiera en ambas la misma curiosidad que, por cierto, ninguna se atrevería a decir. Así fue como encontraron un nuevo y más entretenido “juego”, el que no tuvo nombre ni autor, tampoco se podía compartir o jugar en frente de terceros o mucho menos formar parte de un tema de conversación, aunque estuviesen solas. Aquel juego que quedaría para siempre en sus mentes, escondido como un secreto bajo pacto de sangre. Yendo a los detalles no sé quien comenzó con éste, quien tocó primero a la otra, quien se subió sobre la otra primero, lo que sí recuerdo es que desde ese día no hubo otro juego más entretenido durante mucho tiempo que esta nueva ocurrencia de ambas.

Las gotas de sudor corrían por sus cuerpos, sus mejillas rojas, a veces de vergüenza otras solo del calor generado por sus cuerpecitos. Esta vez para Josefa se hizo más fuerte la pasión, tenía con quien compartir sus deseos sin necesidad de hablar. Nadie le diría que hacer o como hacerlo, solo se dejaban llevar, aunque siempre con temor a sobrepasarse y que la otra se molestara por ello. Con el pasar de los días cada vez se hacía más intenso, aunque sólo rozaban sus cuerpos uno contra el otro y se tocaban con fuerza por sobre la ropa.
Luego ya hubo historia: Josefa casi siempre fue el macho, quien llegaba a casa y se aprovechaba de su mujer, quien trataba de seducir a una desconocida u otra atrevida situación para llegar siempre a lo mismo, sin palabras, sin cuestionamientos de “grandes”. De a poco la ropa ya molestaba y Josefa se atrevía a experimentar con lo que estaba floreciendo bajo la blusa de Carol. Las caricias, suaves y temerosas al principio, se fueron haciendo fuertes y apasionadas con el tiempo hasta llegar a poner sus labios, vírgenes de carnalidad sobre los pechos inmaduros de Carol quien solo disfrutaba, casi siempre de forma pasiva, a veces pienso que ella se cuestionaba mucho más que Josefa lo que sucedía, sin embargo a ninguna le importaba. Lo que sentían era más fuerte. Los besos siempre fueron fingidos y Josefa siempre quiso tocar esos labios, aunque nunca lo demostró, no quería que por descontrolarse el juego no se volviera a repetir. Siempre sintió el temor de Carol y por ello fue cuidadosa, no quería que el juego se acabase nunca.
Carol también pedía a gritos más pasión. Al tocar su entrepierna Josefa podía sentir que gozaba, la humedad era evidente y sus cuerpos cada vez se apretaban y rozaban con más fuerza. Al terminar el juego, siempre de forma imprevista y muchas veces porque llegaba alguien a casa de Carol se decían para sí mismas: Esta fue la última vez”. Días después al encontrarse otra vez solas en casa, surgía el ritual con la pregunta que abría las puertas a un nuevo mundo para las niñas: “¿A qué podemos jugar ahora?” Josefa siempre respondió de la misma forma: “No sé”, y después de recorrer el mismo abanico de posibilidades de siempre se decían la una a la otra, por dentro: “Esta será la última vez”...

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